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miércoles, 5 de junio de 2013

Noticias sobre la no participación de España en la II Guerra Mundial

Desclasificados los papeles sobre sobornos del MI6 británico a militares de Franco

ª   Los documentos revelados confirman que se pagaron 200 millones de libras al círculo de generales

ª   Los mensajes muestran el temor de Londres a la posible entrada de España en la II Guerra Mundial

El MI6, el servicio de espionaje británico, sobornó a generales españoles para que estos disuadieran al dictador Francisco Franco de entrar en la Segunda Guerra Mundial del lado de Hitler. Documentos secretos ahora desclasificados revelan que se pagaron el equivalente a 232 millones de dólares de hoy que fueron a parar a militares del círculo del general Franco, armadores y varios agentes espías.
Esta información publicada hoy por el diario The Guardian en su web ha sido un asunto ya mencionado por historiadores británicos y españoles pero ahora parece que por fin se muestran detalles inéditos. El historiador Jorge M. Reverte asegura que estos pagos se gestionaron "a través del empresario balear Juan March". Un agente inglés en la Embajada británica en Madrid era el intermediario. "March habló con generales importantes, como Aranda, y aunque simuló que el dinero lo ponía él, venía de los británicos".
El dinero se entregó a través de una cuenta en Nueva York de un banco suizo, según el diario británico, que sitúa como urdidor de la trama al embajador británico en Madrid, Samuel Hoare. Los documentos desclasificados muestran a un Hoare preocupado porque pensaba que era inminente la entrada española en la Segunda Guerra Mundial y que, por lo tanto, Franco abandonaría la neutralidad mostrada al inicio del conflicto.
En junio de 1940, nueve meses después de que Hitler hubiera empezado la guerra con la invasión de Polonia, Hoare pidió parte del dinero "sin retraso" al Foreign Office (Ministerio de Asuntos Exteriores) y añadía en su comunicación que si había dudas, se consultara al primer ministro, Winston Churchill, quien respondió posteriormente en un telegrama: "Sí, por supuesto".
"Que España entre o no en la guerra depende de la rapidez de nuestra actuación", telegrafió Hoare en un aviso al MI6 para que pagara a los agentes al servicio de los intereses británicos. "La situación es crucial. No puedo malgastar más tiempo en explicar nuestra posición en este asunto".


La entrevista en Hendaya

La tensión aumentó cuando en octubre de 1940 se produjo la célebre y fotografiada entrevista de Hitler y Franco en Hendaya. Hoare explica incluso que hubo partidas que se destinaron a detener a aquellas personas que conspiraban para persuadir al dictador y que de una vez apoyara con tropas a Hitler. Entre los militares favorables a una España en guerra mundial estaba el general Muñoz Grandes", señala Reverte. El historiador y escritor sostiene que un factor importante que tuvo en cuenta Franco fue el suministro de gasolina a una España recién salida de la Guerra Civil, en manos estadounidenses.
"Franco estuvo jugando hasta 1942 con esta posibilidad de entrar o no en la guerra, hasta que se produjo el desembarco aliado en el norte de África. Entonces vio que no había opciones de victoria nazi", asegura el historiador, autor de obras como La batalla del Ebro y La división azul.
En una de las comunicaciones secretas de Hoare con su superior, el secretario de Relaciones Exteriores, Lord Halifax, se mencionan también reuniones de agentes británicos con republicanos y guerrilleros españoles para animarlos a una insurrección en el caso de que en la Península entraran tropas alemanas. Ese mensaje secreto termina con una indicación clara a Halifax: "Por favor, quema esta carta cuando la hayas leído".
Sin embargo, cuando los contactos con estos republicanos españoles (los rojos, como se les llama en los documentos) llegó a oídos de Winston Churchill, este mostró su preocupación así que instó al ministro de la Guerra, Hugh Dalton, a que interviniera para acabar con las reuniones.

Diario el País, MANUEL MORALES Madrid 23 MAY 2013



Un espía vestido de mujer

Entre las peripecias novelescas de este asunto destaca la del oficial del MI6 Dudley Clarke, arrestado por la policía en Madrid en la Segunda Guerra Mundial cuando iba disfrazado de mujer. Clarke dijo a los agentes que era un periodista del diario The Times que quería escribir una novela sobre cómo reaccionaban los hombres al paso de las mujeres en la calle. Tan estrambótica historia mantiene el nivel cuando en el registro de los enseres de Clarke, les dice a los policías franquistas que la ropa de mujer de su maleta era para una señora de Gibraltar, pero que antes había decidido antes probársela él "para hacer una broma". John Le Carré se quedaría boquiabierto al saber que la policía se maravilló también con un rollo de papel higiénico que llevaba Clarke en su maleta. La suavidad y textura del papel mosqueó a los agentes que se lo llevaron para someterlo a análisis químicos. Finalmente, Clarke fue puesto en libertad pero sus superiores le enviaron a Gibraltar. "Mantenedle vigilado y le mandáis en el próximo avión a Oriente Próximo", ordenaron al gobernador de Gibraltar. Y por si antes mostraba "signos de trastorno mental", una última indicación: "A casa en el primer barco".



Más noticias:



General Varela (2 millones)”
-  Los documentos desclasificados por los Archivos Nacionales británicos detallan los sobornos a cargos franquistas para que España no abandonara la neutralidad



El 4 de junio de 1940, el embajador británico en Madrid, sir Samuel Hoare, envió un mensaje cifrado de la máxima urgencia, secreto y “personal” al secretario del Foreign Office, el vizconde Halifax, según los más de 400 documentos hasta ahora secretos que acaban de ser desclasificados por los Archivos Nacionales británicos. “Hay indicios de que está cogiendo impulso la idea de abandonar la neutralidad y tengo la impresión de que ha llegado el momento de actuar de forma inmediata para verificarlo”, arrancaba el texto. El embajador cree tener “una forma segura” de acceder a los ministros mejor colocados.
Esa forma de “influir de forma decisiva y asegurar la neutralidad de España” en la II Guerra Mundial no es otra que el pago de sobornos, para lo cual necesita de “un máximo de medio millón de libras” y exige de forma “urgente” la autorización. Y ruega que “si hay alguna duda, se consulte con el primer ministro”, Winston Churchill. Al final, los británicos se gastarían 13,5 millones de dólares en sobornos (hoy 222 millones, 170 de euros). Los pagos se harían a través del banquero mallorquín Juan March y los sobornados no sabrían que el dinero procedía del Gobierno británico. El mayor problema no fue encontrar candidatos a ser sobornados, sino que March pudiera hacerse con el dinero sin levantar sospechas. La fórmula elegida, una cuenta en Nueva York de un banco suizo, levantó las suspicacias del Tesoro de EE UU, que bloqueó la cuenta durante meses.

El embajador Hoare recibió luz verde con el visto bueno directo de Winston Churchill y el canciller del Exchequer y ministro del Tesoro, sir Kingsley Woody. El 9 de junio confirmaba en un nuevo telegrama que las negociaciones “se desarrollan de forma satisfactoria” pero advertía que serían necesarias “cantidades más amplias” que el medio millón de libras estimado al principio. El Foreign Office cuestiona el 14 de junio la posibilidad de autorizar un gasto superior, pide detalles de la operación y avisa al embajador que si las ofertas de sobornos son rechazadas y se llega a conocer la implicación británica la consecuencia sería “un daño infinito”. “Tengo dudas de enviar ningún nombre, ni siquiera en un mensaje cifrado”, responde al día siguiente el embajador. “Tienen que aceptar mi palabra de que las personas son de la mayor importancia”, asegura, y lanza una advertencia definitiva: “Puede muy bien ocurrir que la entrada de España en guerra dependa de la rapidez de nuestra actuación. La situación es crítica”. El 21 de junio, el Foreign Office confirma que “el dinero ha sido depositado según lo acordado en el Swiss Bank Geneva en Nueva York”.
Un informe firmado por el comandante Furse el 26 de junio y dirigido a Churchill y sir Kingsley sintetiza la operación desde el punto de vista de la legación en Madrid. “La Embajada opina que España está a punto de entrar en guerra y solo la adopción de esta estrategia puede evitarlo”, describe. “Franco desea seguir siendo neutral pero está aterrorizado con Alemania; Suner [Suñer] Yague [Yagüe] y el ala izquierda de la Falange están a favor de la intervención; el ala derecha (Requetés, Carlistas, empresarios, la mayoría del Ejército y los campesinos) están por la neutralidad”, prosigue el militar.
“El objetivo de sir S. Hoare es dar al ala derecha la fuerza necesaria para que se puedan organizar. Esa organización sería pro-España y antiextranjera (por ejemplo, tanto antiitaliana como antiinglesa) pero no reclamaría Gibraltar hasta después de la guerra”, continúa. Y explica que “la oposición a Suñer se está organizando a través de Juan March, con el que el agregado Naval está en contacto directo”. “March actuó como un agente doble para nosotros y para los alemanes en la última guerra y está de nuevo en contacto con nosotros”, recuerda.
March se encargó de contactar con ministros y militares (a menudo eran ambas cosas), pero no por amor al arte: no solo se acabaría embolsando cinco millones de dólares, sino que a juicio de los británicos, March quiere que fracasen las políticas de Ramón Serrano Suñer como ministro de Exteriores “para salvar sus inversiones e incrementar su poder”. El documento de Furse detalla a continuación los pagos comprometidos y el grado de compromiso de los implicados en la operación, también el dinero prometido a cada uno y el calendario de los pagos. Documentos posteriores especifican además que de los 13,5 millones de dólares a pagar, 3,5 se abonarían al final de la guerra. De los otros 10 millones, dos ya se habían pagado cuando Furse envía su informe, tres se deben entregar de inmediato y de una vez y los otros cinco (la comisión de March), al cabo de seis meses.
Luego cita a los implicados y lo que recibe cada uno en dólares: Nicholas [sic] Franco (2 millones); general Varela (2); general Aranda (2); el secretario general de la Falange, Gallardo (1); general Kindelán (500.000 dólares), del que añade entre paréntesis: “Es un chorizo”. Todos reciben el dinero directamente de March. Siete más están en la operación pero solo tres, los generales Queipo de Llano, Orgaz y Asensio, reciben pagos, sin que se detalle la cantidad. Los otros cuatro son los generales Llana, Moreno, Alonso y Solchaga y el ex secretario general de la Falange, Muñoz Grandes. Un telegrama del embajador Hoare del 28 de junio explica: “Los planes están dando resultados. El general Yagüe, protagonista de la entrada de España en la guerra, ha sido despedido”.

En una de las comunicaciones secretas de Hoare con su superior, el secretario de Relaciones Exteriores, Lord Halifax, se mencionan también reuniones de agentes británicos con republicanos y guerrilleros españoles para animarlos a una insurrección en el caso de que en la Península entraran tropas alemanas. Ese mensaje secreto termina con una indicación clara a Halifax: "Por favor, quema esta carta cuando la hayas leído".

Sin embargo, cuando los contactos con estos republicanos españoles (los rojos, como se les llama en los documentos) llegó a oídos de Winston Churchill, este mostró su preocupación así que instó al ministro de la Guerra, Hugh Dalton, a que interviniera para acabar con las reuniones.
Diario el País, MANUEL MORALES Madrid 23 MAY 2013





Enlaces a otros noticias relativas al mismo tema.
·         El bulo (mundial) del Caudillo
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viernes, 15 de marzo de 2013

martes, 12 de febrero de 2013

El general Prim fue estrangulado tras ser tiroteado en la calle del Turco


Material paara el Tema 39 de la oposición de Geogafía e Historia o para programaciones de Historia de España de 2º de Bachillerato.  Siglo XIX español

 

El general Prim fue estrangulado tras ser tiroteado en la calle del Turco


La historiografía oficial die que el gobernante murió tres días después de ser herido por bala.

 

Marcas de correas en torno a todo el cuello, incluido el rastro metálico de la hebilla del correaje. Este es el dato forense que mejor explica las novedades descubiertas, hasta hoy desconocidas, en torno al asesinato, supuestamente con armas de fuego, del laureado general y presidente del Gobierno de España Juan Prim i Prats, acaecido en Madrid hace ahora 142 años, en la nevada tarde del 27 de diciembre de 1870. Tal es la última y principal revelación obtenida por una denominada Comisión Prim, que desde el departamento de Criminología de la Universidad privada Camilo José Cela, de Villanueva de la Cañada cerca de Las Rozas, se propuso tiempo atrás resolver las densas incógnitas que durante casi siglo y medio han rodeado aquel luctuoso suceso.

La antropóloga forense María del Mar Robledo; el criminalista Francisco Pérez Abellán, director del departamento universitario; el doctor en Derecho Orlando Tadeo Gómez y el fotógrafo científico griego Ioannis Koutsurais, miembros de la comisión investigadora, creen haber resuelto las principales incógnitas de aquel magnicidio. Y ello gracias a la aplicación de los más recientes avances tecnológicos del examen forense al cadáver momificado del general-presidente, custodiado en excelente estado de conservación en Reus, la localidad natal del laureado militar. Allí fue sometido a un exhaustivo análisis, concluido ahora, de cuyos resultados se informó este lunes en una conferencia registrada en la sede universitaria.

Ninguno de los comisionados cobija dudas sobre la evidencia de las marcas de correas en torno al cuello de Prim, que se asemejan a las mismas huellas dejadas por igual procedimiento de asfixia criminal en numerosos otros cadáveres, examinados para el cotejo por la forense y mostrados ayer públicamente en fotografías. Mas, de esta evidencia ahora descubierta, no hay constancia alguna en el sumario 360/1870 abierto tras el magnicidio y que incluía tres investigaciones concernientes a los tres intentos consecutivos de quitar la vida a Prim entre octubre y diciembre de aquel año. De los cerca de 18.000 folios de los que constaba el sumario del asesinato, hoy quedan intactos menos de la mitad: emborronamientos, láminas arrancadas y zarabanda de páginas en competo desorden son algunas de las prácticas a las que los 81 tomos sumariales, hoy en los juzgados de la Plaza de Castilla de Madrid, fueron sometidos por manos extrañas y anónimas, sobre todo a partir de 1960, en que se reveló la localización de los documentos procesales. ¿A quién pudo beneficiar este expolio tan dañino del patrimonio histórico documental?

La ciencia puede esclarecer sucesos muchos años después de haber acaecido; de no ser tal, la pregunta quedaría sin respuesta. Tal ha sido la certeza que han barajado los miembros de la Comisión Prim desde el primer momento en que, en el hospital universitario de San Joan y en el tanatorio de Reus, ante el cuerpo momificado de Juan Prim comenzaron a indagar rastros de actividad sobre su cadáver embalsamado, que presentaba bajo las axilas y la entrepierna frascos con aromas balsámicos, en una configuración triangular de evocaciones masónicas, según los investigadores.

 

"No podía retirar la vista de sus ojos de vidrio"

 

El rastro más llamativo y evidente de los hallados fue, sin duda, la mirada vítrea del general. “Me miraba de una manera tan intensa que no podía retirar la vista de él”, confiesa el fotógrafo científico Ioannis Koutsourais mientras contemplaba la momia embalsamada. "Al cadáver le fue practicada una extracción de sus globos oculares y su sustitución por dos ojos artificiales tallados en un vidrio de alta calidad", reconoce la forense María del Mar Robledo. No hay respuesta para explicar este hecho, del cual no se conocen precedentes forenses probados en la historia contemporánea española, si bien si hay algunos relatos orales que lo reconocen.

Los aspectos relacionados con los móviles del magnicidio resultan muy confusos todavía. Todos los testimonios históricos apuntan a una doble inducción: la primera, la del duque de Montpensier, futuro suegro de Alfonso XII por la ulterior boda de éste con María de las Mercedes, hija del duque y tras cuyas nupcias la decena de presuntos asesinos que tiroteó al presidente quedó en libertad. También las sospechas apuntan hacia el general Serrano, del cual se conserva un sepulcro, hoy vacío, en la iglesia de Los Jerónimos de Madrid. "Es curioso que la principal arteria comercial madrileña lleve el nombre de un general presuntamente cómplice del asesinato de su rival Juan Prim", admite el profesor criminalista Pérez Abellán, que resalta la celeridad con la que el llamado "general bonito" se hizo con las riendas gubernamentales desde el momento en que Prim cayó herido.

Se sabe que los sicarios que atentaron con armas de fuego, trabucos y retacos, contra Prim cuando transitaba a bordo de una berlina entre el palacio de Las Cortes y su residencia palaciega de Buenavista, en la plaza de Cibeles, formaron hasta tres grupos armados y que fueron desplegados en tres enclaves distintos —calles del Turco, Barquillo y Cedaceros— según los trayectos presumibles del carruaje áulico donde el presidente viajaba junto a dos edecanes. Al surcar la calle del Turco, le fue cerrado el paso y a bocajarro, la berlina fue asaltada: los asaltantes dispararon al presidente, que recibió un impacto en el hombro, otro en el codo, sufrió la amputación de una falange de su dedo anular y otras lesiones más, hasta ahora desconocidas, en la palma de la mano derecha. Conforme a sus indagaciones, Prim sangró abundantemente y quedó impedido de manejar sus manos por las heridas sufridas.

 

Cinco mil duros por matarlo


Según reiteran los investigadores, los facinerosos percibieron diez pesetas diarias durante los prolegómenos del atentado, 25.000 más al consumarlo y apoyos para salir al extranjero, como así hicieron muchos de ellos. Resaltan que la complicidad policial con los criminales fue casi completa, no solo por la inacción del ministro de la Gobernación, Práxedes Mateo Sagasta sino además por la del comisario del distrito, de apellido Valencia, que reportó normalidad durante la jornada del 27 de diciembre de 1870 en que se perpetró el magnicidio; por sobre todo, los investigadores remarcan que las heridas por arma de fuego que Prim sufrió le causaron una grave e intensa hemorragia para cuya detención se le aplicaron emplastos. "Desde que resultó herido, Prim quedó fuera de juego", añaden.
Las heridas recibidas, contrariamente a la levedad pregonada por los medios oficiales, fueron graves y, muy probablemente, el temor a que el aguerrido general catalán —héroe indemne tras decenas de batallas— se recuperara de ellas llevó a los inductores a decidir su asesinato mediante estrangulamiento, según destaca Francisco Pérez Abellán. Empero, resulta aún muy raro que su cadáver no fuera sometido a autopsia alguna y que los cuatro médicos asignados a su entorno inmediato no confirmaran la muerte por asfixia ahora descubierta. Asimismo, el estrangulamiento hubo de consumarse en el palacio donde residía con su esposa, la mejicana Paquita Agüero y en un entorno vigilado por la guardia presidencial.


 
La antropóloga forense María del mar Robledo muestra fotos del cadáver momificado.

En cuanto a los móviles políticos criminales, poco desarrollados en la investigación, los testimonios históricos revelan que Juan Prim, promotor de la primera monarquía moderna refrendada parlamentariamente en España en 1870 en la persona de Amadeo de Saboya, con 191 votos a su favor, se granjeó la enemistad de las cortes de Berlín, París y Londres, "que tenían candidatos propios para la Corona española" según subraya el escritor y periodista Manuel Orío, que prepara un libro sobre el magnicidio. Los investigadores de la Comisión Prim se inclinan más hacia una conspiración interna y señalan algunos elementos masónicos —la clase política decimonónica en su conjunto, desde el propio Prim a Sagasta y buena parte del entorno de la destronada reina Isabel estaba nutrida por masones—;  pero en las 22 conclusiones de su investigación no contemplan la importancia de la coyuntura política europea en 1870, ya que en España se dirimía también un aspecto clave en la pugna por la hegemonía continental, como la guerra franco-prusiana ponía entonces de relieve.


Para leer más noticias sobre Prim aquí os dejo los siguientes enlaces: